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[RIAZA - DEPORTE]
viernes, 12 de junio de 2020 00:00
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Camino Natural de la Cañada Real
Fuente de la Noticia:  
desnivel.com
La Cañada Real Soriana Occidental fue uno de los caminos ganaderos más importantes de la red trashumante que cubrió la península
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Camino Natural Cañada Real
Unía Soria y Badajoz a los largo de más de setecientos kilómetros, atravesando

Segovia

, Ávila, Salamanca y Cáceres. El tramo segoviano, que recorre el pie de monte de la sierras de

Ayllón

, Somosierra y Guadarrama, ha sido adecuado por el programa Caminos Naturales. Son ciento cincuenta kilómetros por un territorio de gran naturalidad que conserva la huella del paso de los grandes rebaños de antaño.

Desde tiempos inmemoriales, los rebaños trashumantes han atravesado la península ibérica de sur a norte y de norte a sur utilizando caminos cuyo origen se encuentra en el inicio de la actividad ganadera. En el siglo XIII, el rey Alfonso X el Sabio reguló y protegió mediante un edicto el uso de las vías pecuarias más importantes de Castilla dándoles el rango de reales. Para conseguir esta distinción, el camino debía tener una anchura de noventa varas castellanas (algo más de setenta y dos metros) y tener un recorrido superior a los quinientos kilómetros.

Al mismo tiempo que establecía el mapa de cañadas reales, Alfonso X fundaba el Concejo de la Mesta, dando lugar a una industria sin la cual es imposible entender la historia de nuestro país, y a una tradición que aún está presente, aunque sea a título anecdótico. Diez fueron –y son– las cañadas reales más importantes.

Si se observa un mapa se comprueba que casi todas ellas tienen una orientación norte-sur. Desde 2007, esta red pecuaria está incluida en la lista indicativa de la Unesco, antesala a una futura candidatura a Patrimonio de la Humanidad. Con el descenso de la cabaña ganadera, la utilización de piensos y el transporte por carretera o por tren de los rebaños, las cañadas redujeron drásticamente su actividad.

Aunque las más importantes siguen presentes en el entorno rural, alrededor de las ciudades y pueblos las urbanizaciones han ocupado muchos kilómetros de ellas, y también el asfalto ha cubierto largos tramos. En la actualidad, las cañadas son más utilizadas por excursionistas y ciclistas que por los pastores.

De Soria a Badajoz

Una de las cañadas reales más importantes fue la Soriana Occidental. Transita a lo largo de setecientos kilómetros desde la comarca de los Cameros, en la Rioja, hasta las tierras de Olivenza, en la provincia de Badajoz, pasando por las provincias de Soria,

Segovia

, Ávila, Salamanca y Cáceres. Un largo tramo de ésta, que recorre el pie de monte de la Sierra de

Ayllón

y de la Sierra de Guadarrama, ha sido adecuada por el programa Caminos Naturales para que sea usada por excursionistas y ciclistas.

Es un recorrido de casi ciento cincuenta kilómetros que se puede realizar en bicicleta de montaña en la práctica totalidad del recorrido, si bien hay que estar preparado para enfrentarse a bastantes pendientes y no sufrir de bovinofobia, es decir, no tener miedo a las vacas, pues nos cruzaremos con más de una en el camino.

A título descriptivo, los promotores han dividido el itinerario en ocho etapas, más un corto prólogo, aunque como es natural, los aficionados pueden adaptarla a sus gustos y circunstancias.

El valor ambiental y ecológico de este Camino Natural es incalculable, ya que transita en buena parte de su recorrido por el Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama, incluido dentro de la Red Natura 2000.

En todo momento, el viajero transita a la sombra de las cumbres del Parque Nacional Sierra de Guadarrama.

Montaña rusa

El Camino Natural tiene el extremo occidental en el barrio de la estación de El Espinar. Desde allí, sigue el río Gudillos y utiliza la colada de la Soledad para entrar en El Espinar. En el pueblo serrano comienza realmente el viaje. Antes de descender al río Moros el itinerario entra por una cancela en la Cañada Real Soriana Occidental. Tras dejar atrás el núcleo urbano de Los Ángeles de San Rafael, la cañada cruza la AP-61 y, paralela a ella, va ganando kilómetros a media ladera de la Sierra del Quintanar hasta llegar al barrio de la estación de Otero de Herreros, fin de la primera etapa.

Se trata de una etapa de moderada longitud y desnivel, muy buena para calentar motores pues lo que queda por delante no será siempre tan “dulce”. Después de abandonar Otero de los Herreros, la cañada se aleja de la autopista y gana altura a media ladera. De la sierra bajan numerosos ríos y arroyos que convierten el trayecto en una montaña rusa.

En el terreno se alternan los pinos silvestres, las encinas y los pastos de diente. La etapa termina en el embalse del Pontón Alto tras cruzar el puente de Las Merinas, el primer «elemento» ganadero que encontraremos.

Montaña y empresa

La población de Revenga está a dos kilómetros escasos con sus alojamientos y restaurantes. A poco de empezar la tercera etapa, el viajero se encuentra con un grupo de edificios en ruinas, que, a juzgar por su tamaño, debió de ser un centro importante. Son las casas de Santillana, un rancho de esquileo.

Es uno de los trece ranchos de esquileo que hubo en el tramo segoviano y que tenían capacidad para esquilar más de 300 000 cabezas de ganado ovino cada temporada. En este punto, el viajero, caminante o ciclista, encontrará las flechas amarillas del Camino de Santiago de Madrid que apuntan a

Segovia

. Estas ruinas no son la única huella ganadera que encontraremos en la jornada; por delante quedan el Rancho de la Marquesa, el descansadero de Torrecaballeros y otro descansadero sin nombre que alcanzaremos poco antes de que abandonemos momentáneamente la cañada para cruzar la

N-110

y entrar en el pueblo de Sotosalbos.

El motivo del desvío es la iglesia de San Miguel, una joya del románico segoviano citada por el Arcipreste de Hita varias veces en el Libro del Buen Amor. Su fachada es, sencillamente, emocionante.

«Desde 2007, la red de cañadas reales está incluida en la lista indicativa de la unesco, antesala a una futura candidatura a patrimonio de la humanidad».

Un par de kilómetros más adelante está Collado Hermoso, punto final de esta tercera etapa. Antes de llegar habremos tenido que cruzar de nuevo la

N-110

. Ni que decir tiene que hay que hacerlo con mucha prudencia. En esta localidad no hay alojamiento pero sí varios restaurantes. Sí que hay lugares donde pernoctar en las dos siguientes poblaciones en ruta: La Salceda (un poco apartado de la ruta) y Navafría.

En este corto tramo de diez kilómetros se alternan las rampas de subida y bajada y los extensos prados donde pastan vacas y caballos. En descenso llegaremos a la piscina natural de Navafría que recoge las aguas del río Cega.

En el pasado, el Cega hacia funcionar varios martinetes. Uno de ellos, en el que se fabricaban calderos de cobre, se ha convertido en museo antropológico.

Gran valor natural

La cañada se aleja de la carretera nacional acercándose a la sierra. En este tramo, el cordel ganadero se encuentra delimitado por muros de piedra que la separan de las fincas colindantes donde crecen bellos ejemplares de fresnos y melojos.

El valor ambiental de este tramo es enorme, ya que transita en su totalidad por el Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama incluido en la Red Natura 2000 como ZEC.

Uno tras otro se suceden los badenes para superar pequeños arroyos, alguno con tan fuerte pendiente que hay señales que aconsejan a los cicloturistas bajar caminando. Lo de subir o no encima de la bici queda a elección del viajero. El pastizal está salpicado por viejos melojos que fueron trasmochados en el pasado para alimentar el ganado cuando escaseaba el pasto.

La etapa, tal y como aparece en la descripción oficial, termina en el núcleo urbano de La Mata, un barrio del municipio de Arcones separado del trazado tradicional de la cañada. Nada hay en este lugar para dormir o comer. Lo más cercano para reparar el hambre y el sueño está en Arcones, a unos setecientos metros. Descansar es obligatorio, pues en La Mata comienza un tramo muy exigente, con constantes subidas y bajadas, a veces bastante potentes.

A cambio, al ganar altura, conseguimos una visión sin límites de las tierras segovianas. En la primera parte se atraviesa un precioso sabinar con añosos ejemplares de troncos retorcidos. Después, el pinar reclama su derecho a cubrir la ladera norte de Somosierra. Hemos ganado tanta altura y superado tantos toboganes que nos preguntamos si de verdad por aquí pasaba la cañada habiendo tanto campo abierto a nuestros pies.

Pero sí, la cañada va por aquí, y lo podemos comprobar en el mapa del IGN. La construcción de la autopista

A-1

, en la subida hacia la boca norte del túnel de Guadarrama, afectó al trazado original, así que al llegar al talud de la autovía, la cañada se interrumpe y no hay más remedio que hacer un descenso muy fuerte –que divertirá sin duda a los más beteteros– para cruzar la autovía por un paso inferior que comparte con el recién nacido río Duratón. Después –maldita fatalidad– hay que recuperar los metros perdidos hasta alcanzar de nuevo la cota 1300 en la falda de la Sierra Cebollera.

Como queda mucha tela que cortar para llegar a

Riaza

, los técnicos de Caminos Naturales han habilitado un “escape” hacia la localidad de Villarejo, en el término municipal de Santo Tomé del Puerto, donde hay todo tipo de servicios, y donde se establece el final “oficial” de la sexta etapa. Si se decide hacerlo así, al día siguiente habrá que remontar de nuevo los dos kilómetros que separan Villarejo de la vieja estación de Santo Tomé del Puerto para recuperar la cañada y continuar camino hacia la capital del cordero asado.

La cañada se adapta inteligentemente al relieve de la ladera, y lo hace de modo tan acertado que el ferrocarril Madrid-Soria se inspira en ella, y hasta la carretera de la estación de esquí de

la Pinilla

llevaremos los raíles a nuestra izquierda más o menos a la vista. Se repite lo que ya hemos vivido en los kilómetros anteriores: los arroyos que bajan de la montaña han excavado barrancos que sólo pueden salvarse por medio de fuertes rampas de bajada y sus correspondientes subidas. En algunos casos son realmente “pesadas”, como en el barranco que forma el río de la Garganta o el arroyo de las Buitreras.

Finalmente aparece en el horizonte la localidad de

Riaza

. Aunque fue originariamente un pueblo de herreros, con el auge de la trashumancia,

Riaza

se enriqueció con el procesado de la lana. Posee un interesante patrimonio arquitectónico que tiene su epicentro en una bonita plaza porticada.

Riaza

es un lugar ideal para hacer noche, recuperar fuerzas y enfrentarse frescos a los últimos kilómetros de nuestro viaje. La última etapa es larga en kilómetros, pero ¡cuesta abajo! Después de los muchos kilómetros precedentes luchando contra la incorruptible atracción terrestre, se agradece mucho.

Además, viajaremos acompañados por una variada foresta que prospera dentro de las noventa varas de la cañada; primero robles, luego encinas y, para terminar un pequeño pinar. Fuera de la cañada, los cultivos de cereal de secano lo ocupan todo. Poco hay que resaltar de esta etapa salvo que no podía tener un final más interesante: la muy noble villa de

Ayllón

. Posiblemente de origen celtíbero, por ella han pasado todas la culturas: romanos, árabes y, finalmente, cristianos.

Tras la reconquista la ciudad experimentó un importante crecimiento a la sombra de la trashumancia. De su importancia da fe que en

Ayllón

se celebraba una de las dos reuniones anuales del Concejo de La Mesta. La villa conserva un impresionante patrimonio arquitectónico. Un paseo por su irregular plaza porticada y un aperitivo en alguno de sus mesones pondrán el broche de oro a este viaje por tierras segovianas.
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