La imagen del santo, venerada en la Ermita de Nuestra Señora de
Hontanares
, vuelve a ser punto de referencia de una jornada que siempre ha estado ligada al invierno más crudo. El frío, la lluvia o incluso la nieve han acompañado históricamente esta celebración, sin lograr nunca frenar a quienes, fieles a la costumbre, se acercan al paraje para compartir misa, comida y convivencia alrededor del fuego.

San Blas
San Blas, protector tradicional de las gargantas, ha sido durante generaciones un símbolo de cuidado y creencias populares. No faltaban antaño gestos sencillos pero cargados de significado, como pasar la rosca del santo por el cuello tras la misa, una tradición que muchos vecinos aún recuerdan como parte inseparable de la jornada.
La parte más esperada llegaba después, cuando las lumbres se encendían en la pradera y comenzaba la preparación de los platos más característicos: la caldereta, con bacalao y patatas, y la careta de cerdo asada, producto directo de las matanzas familiares que marcaban el ritmo del invierno en los hogares riazanos. Alrededor del fuego se compartía la comida, las historias y el tiempo, en celebraciones que se prolongaban durante horas, sin importar las bajas temperaturas.

Careta de Cerdo Asada
Durante décadas, San Blas fue también una fecha señalada para los cazadores de
Riaza
, que aprovechaban el día para salir al monte en cuadrilla. La jornada cinegética terminaba, como no podía ser de otra manera, con una comida compartida y el reencuentro con el resto de vecinos que acudían a
Hontanares
, haciendo de la festividad un punto de unión entre tradición religiosa y vida rural.

Jornada de cacería, 03/02/2026, no se ha dado mal
Tras la comida, la celebración continuaba en los espacios cercanos a la ermita, donde las partidas de cartas y la charla alargaban la tarde hasta bien entrada la noche, manteniendo vivo el espíritu festivo más allá del campo y el monte.
Hoy, San Blas sigue celebrándose, aunque con formas distintas. La tradición se mantiene, pero de manera más dispersa: algunos vecinos acuden a la misa, otros participan en la caza, y los encuentros se reparten entre merenderos, locales o reuniones privadas de amigos. Este año, además, el hecho de que la festividad caiga en martes complica la participación, pero no consigue apagar una celebración que continúa formando parte de la identidad de Riaza.

San Blas en la peña Los Gayumbos

Buena comida después de la cacería
San Blas ya no es solo una cita en el calendario, sino un recuerdo compartido, una costumbre que evoluciona con el tiempo y que sigue encontrando la manera de mantenerse viva entre quienes se resisten a dejarla perder.
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